Shell ratifica su apuesta: USD 700 millones para Vaca Muerta y una nueva planta que busca operar al 100%
Después de las especulaciones sobre una posible salida, el CEO global Wael Sawan descartó versiones de venta. La compañía apunta a 11 pozos nuevos hasta 2027 y a llevar su capacidad de procesamiento a su máximo en Bajada de Añelo.
Shell Argentina confirmó un plan de inversión de USD 700 millones para 2026 en Vaca Muerta, una cifra que ratifica su permanencia en la cuenca después de meses de especulaciones en la industria sobre una posible venta de activos. El anuncio llega acompañado de una hoja de ruta operativa concreta: siete pozos nuevos durante el año en curso y cuatro adicionales en 2027, con el objetivo de llevar al 100% de su capacidad la planta EPS recientemente inaugurada en el bloque Bajada de Añelo.
El sistema Early Processing System puesto en marcha por la compañía tiene una capacidad de 20.000 barriles diarios de petróleo y 2,5 millones de metros cúbicos diarios de gas. Se trata de una instalación modular diseñada para procesar el crudo, los gases y el agua provenientes de los 15 pozos actualmente activos en el bloque, con margen para absorber los 11 pozos adicionales que completarán el desarrollo. La inversión global asociada a la planta fue de aproximadamente USD 500 millones y el proyecto involucró a más de 140 contratistas, con picos de 300 trabajadores durante la construcción y un empleo directo e indirecto estimado en 1.500 personas.
La decisión de ampliar el capex 2026 se da en un contexto de reorganización global de Shell bajo la dirección de Wael Sawan, que desde 2023 viene desprendiéndose de activos considerados no estratégicos. Argentina quedó del lado de los países seleccionados para concentrar inversiones en shale de alta rentabilidad fuera de América del Norte. En una reciente conferencia con inversores posterior a los resultados del primer trimestre, Sawan calificó las versiones sobre una eventual venta como información falsa y derivó la respuesta detallada a la CFO del grupo, Sinead Gorman.
El mapa de bloques de Shell en Vaca Muerta tiene cuatro áreas operadas y participaciones minoritarias en otras tres. En Cruz de Lorena, Sierras Blancas y Coirón Amargo Sur Oeste la compañía opera con una participación del 90%, compartiendo sociedad con Gas y Petróleo del Neuquén. Los tres bloques tienen licencias de desarrollo por 35 años otorgadas en 2015 y conforman el núcleo histórico de la compañía en la cuenca, al que se sumó más recientemente Bajada de Añelo, pieza clave para la transición hacia el segmento de crudo volátil y gas húmedo.
A esos activos se agrega el 45% de participación en La Escalonada y Rincón de la Ceniza, áreas que YPF adquirió a TotalEnergies por USD 500 millones durante el año pasado. En ambos bloques, la empresa provincial GyP mantiene un 10% y YPF opera con el 45% restante. Shell planea ejecutar allí buena parte de los nuevos pozos durante 2026, en lo que representa una extensión natural de su presencia histórica en la ventana de petróleo de Vaca Muerta.
En infraestructura de transporte, la compañía mantiene un rol relevante. Lidera la construcción del oleoducto Sierras Blancas–Allen con el 60% de participación y una capacidad de 125.000 barriles diarios, y participa como socio en proyectos estratégicos como Vaca Muerta Norte (13,3%), Vaca Muerta Sur (8%) y el propio VMOS que habilitará las exportaciones desde Punta Colorada a partir de fines de 2026. Este último punto es determinante: Shell, como cualquier otro productor de la cuenca, depende de la puesta en marcha del sistema de evacuación para monetizar el crecimiento productivo.
El plan de desarrollo de Bajada de Añelo es el movimiento que mejor sintetiza la estrategia de la compañía. El bloque complementa las operaciones en la ventana de petróleo y marca el primer paso de Shell en el segmento de crudo volátil y gas húmedo, aportando capacidad propia de procesamiento y reduciendo la dependencia de terceros. La lógica operativa apunta a monetizar los recursos de manera temprana y reducir el riesgo técnico de cada fase de desarrollo, un abordaje que los ejecutivos de la compañía definieron como de-risking progresivo.
Desde 2012, cuando ingresó al no convencional argentino, Shell ha ido escalando en el ranking de productores hasta ubicarse entre los cuatro principales operadores de Vaca Muerta, detrás de YPF, Vista y Chevron. Con USD 700 millones comprometidos para este año, una planta propia de procesamiento y un pipeline de pozos definido, la compañía parece dispuesta a sostener ese lugar al menos hasta el final de la década en curso. El próximo punto de inflexión operativo será la efectiva puesta en marcha del VMOS y su impacto en el techo de evacuación de toda la cuenca.